lunes, 9 de junio de 2014

El aborto de las gallinas

Esto es un post controvertido, ¿verdad?
El caso es que el otro día en sinsaposniprincesas.com hice alusión en algún comentario a esto, y debo escribir sobre ello.

La expresión en sí simplemente denota aburrimiento. A "nadie" le importa el aborto de la gallina porque es algo común, porque sin esto no podríamos tener huevos en nuestra nevera.

Pero ya que estamos hablando de huevos, podemos hablar de las granjas de gallinas ponedoras. Es una triste historia que anima a comprar huevos de granjas no industriales.

Lo primero es seleccionar a las gallinas ponedoras. Un sexador de pollo separa a las hembras, que son las que "sirven" de los machos, que al ser un tipo de polluelo no apto para "nada". Serán triturados o gaseados... mal final, aunque el de las gallinas no será mejor.

Los polluelos hembra serán engordados para que crezcan y se conviertan en gallinas.
Cuando se tienen las gallinas adultas se encierran en celdas poco más anchas que su cuerpo. Confinadas en dichas jaulas, con un  comedero y bebedero no tienen espacio para caminar, hacer su nido... Con los niveles de estrés por las nubes se dedican a picotear a sus vecinas de celda, causándoles heridas, pero desde luego no tan dolorosas como lo que hacen los dueños de las "granjas": les recortan el pico para que no puedan hacer daño a sus congéneres.  
Además alteran los ciclos de luz para que sean más productivas, cuando a los 15 meses dejan de serlo, hay que eliminarlas...

Por lo visto desde 2011 hay una normativa impide que las granjas industriales puedan seguir usando ese tipo de jaulas, pero no está suficientemente regulado.

La alternativa son las granjas ecológicas. En la mayoría de estas jaulas las gallinas disfrutan de 6 metros cuadrados de tierra en espacio techado, y 4 de aire libre. No es que sean tan felices como lo eran las de mi abuelo, que vivían prácticamente a su "bola", pero no está mal.




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