martes, 6 de agosto de 2013

No quiero imaginar, quiero conocer objetivamente

Te plantas delante de un libro, una novela, un poco mística, con pocos o muy pocos datos reales. Lugares imaginarios, con personajes ficticios y sucesos que avivan tu imaginación para crear un mundo a partir de un libro. Hasta ahí bien.
Ahora me planto delante de un libro, histórico, con lugares conocidos, suficientemente puntuales para tener una parcela de mi cerebro amueblada de conocimiento. Entonces llega el problema: necesito verlo!



He empezado a leer el libro de Javier Sierra, "El Maestro del Prado", y por lo poco que llevo leído, te cuenta la historia de algunos cuadros famosos del museo. 
Empieza la descripción de uno, "La Perla de Rafael" (el de la derecha)
, y pese a ser imágenes típicas, la virgen y dos niños con la pinta de angelotes, gorditos y 'jugando', necesito tener esa referencia visual de lo que el autor intenta transmitirnos. ¿Por qué? Porque se que existe, no es algo que mi imaginación deba construir. Alguién lo ha hecho, y simplemente se dedica a rescribirlo, y dicha descripción me llega mucho más profundo, si la veo en imagenes.

Me pasa también con lugares, te pueden describir con mil palabras Times Square, pero hasta que no te enseñan una foto (o vas a verlo) no terminarás de aceptar su verdadera forma. De hecho es posible que te decepcione, o te cause una tremenda impresión dependiendo de la descripción que alguien más o menos cuidadoso haya hecho del lugar.

Es por esto, que siempre que leo libros, o documentos con referencias existentes, debo bucear en internet, para buscar una imagen que se ajuste a lo descrito. No es que mi imaginación no funcione, es que sobre cosas ya construidas y concretas, no quiero imaginar, quiero conocer objetivamente.

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